Barreras vencidas
Soy Mónica nací en una pequeña familia en Ecuador(Esmeraldas),
conformada por mi madre y mis dos hermanos mayores la figura paterna nunca se
hizo presente en nuestro hogar, mi madre trabajaba como empleada doméstica más
de 8 horas al día, hacia muchos sacrificios para llegar a casa y prepararnos de
comer ya que mis dos hermanos mayores eran pequeños para hacerlo a pesar de
esas situaciones siempre esperamos muy contentos la llegada de mamá.
Mis primeros pasos como estudiante comenzaron a los 5 años
de edad en una pequeña escuela llamada Juan Montalvo donde obtuve muchos
diplomas como mejor estudiante de mi aula, la secundaria pase por dos colegios Eloy
Alfaro y Sagrado Corazón donde obtuve una beca para mejores estudiantes, siempre
dedicada a cumplir con mis obligaciones para no perder esa gran ayuda porque
por mi mente pasaba ser una excelente profesional y sobre todo ayudar a mi
madre que siempre estuvo hay en cada paso que daba apoyándome dándome consejos
para que siga y no pase por lo mismo que ella estaba pasando, con la edad de 16
años ya me había graduado como bachiller.
Antes de entrar a la universidad conocí a un chico el cual
me llamo mucho la atención, empezamos a salir y en poco tiempo nos hicimos
novios, hay volvieron los concejos de mi madre, que pensara primero en mis
estudios en prepararme y cuando ya esté lista iba a tener mucho tiempo para enamórame,
pero como todo joven enamorado no escuche los consejos de mi madre, al poco
tiempo quede embarazada fue un golpe muy duro para mamá ya que todo el esfuerzo
que ella había hecho por mi yo lo había tirado a la basura causándole una decepción,
en ese momento mi vida cambio totalmente mis pensamientos estaban nublados no sabía
que hacer pero tome la decisión de irme de casa a vivir con aquel joven no quería ser una carga más para madre, a la
edad de 17 años tuve a mi bebé una linda niña fuerte y saludable, pero mis
ganas de ser alguien en la vida y lograr mi objetivo de ser profesional seguían
en pie, ya que todos me decían que con un bebe no podría seguir.
Al pasar los meses se presentó la oportunidad para continuar mis estudios, pero nuestros recursos no eran suficientes para costear los gastos, me toco buscar un trabajo de medio tiempo como auxiliar de limpieza hay recordé todo lo que mi madre me decía los concejos que me daba, los ojos se me llenaron de lágrimas y en mi pecho un enorme nudo, solo pensaba en ella y en mi hija eran mis motores de vida alce la mirada y continúe, a la edad de 18 años logre matricularme en la universidad, pero ahora todo se tornaba más difícil porque tenía que hacerme cargo del hogar, trabajo y estudio.
Pero como en la
vida para todo hay solución menos para la muerte me decía mi bella madre, me toco buscar una guardería para mi hija, me daba
mucha pena dejarla hay al cuidado de otras personas solo la veía pocas horas al
día, porque entraba a trabajar a las 8:00 am y salía a las 12:00 pm y ella
entraba a la guardería a las 8:00 am y salía a las 16:00 pm, y mi horario de
estudio era presencial en la noche de 6 pm a 10:30 pm y cuando llegaba a casa ella
ya estaba dormida, no compartir con mi pequeña me partía el corazón pero
siempre con el pensamiento firme de que todo lo que hacía era por ella y sobre
todo por cumplir mis sueños y que mi madre se sintiera orgullosa al verme
triunfar.
Después de 5 años de sacrificios y perseverancia logre
obtener un título como ingeniera en sistemas informáticos llenando de orgullo a
mi madre y sobre todo sintiendo orgullo de mi misma por haber logrado lo que
tanto quería ser una profesional, al cabo de poco tiempo se me presento una oportunidad
laboral, pero era en otra ciudad y tenía que tomar una decisión pensaba en mi familia,
tenía mucho miedo a lo desconocido y dejar nuevamente a mi niña sola pero tenía
que hacerlo ya que en mi ciudad natal había escases de empleo y peor para jóvenes
sin experiencias laborales, tome valentía y decidí seguir tomar el empleo ya
que era otra oportunidad para seguir escalando, el padre de mi niña no estaba
de acuerdo con que yo me fuera a trabajar a otra ciudad pero lo hacía por ellos
para darle a mi hija y madre lo que un día me había prometido que nada les haría
falta ya que se había sacrificado por mí y yo sentía que le debía todo ese
esfuerzo.
Ya han pasado 14 años desde ese día que tome la decisión de
seguir y no rendirme, luchar por un sueño y lograrlo es la mayor satisfacción
que una persona puede sentir, me siento muy feliz ahora puedo ayudar a mi familia
y sobre todo disfrutar de mi hija en la que estoy inculcando valores que son el
pilar fundamental en el ser humano desde hay parten las buenas decisiones que
podamos tomar en nuestras vidas.

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